El caso Pagny: ¡Sopo y Lozes, dos aburridos soplones de pensionado!

Publié le 15 novembre 2010 - par
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«Señores Jurados, Señor Fiscal, tengo el honor de reclamarles a ustedes, por esta tarde, la cabeza de la libertad de expresión, a petición de mis honorables clientes los Señores Dominique Sopo y Patrick Lozès. La descripción del traumatismo que recién han vivido éstos –que los sumió con sumo dolor en el recuerdo de las Horas Más Aciagas De Nuestra Historia– a ustedes convencerá, espero, que es preciso condenar al Señor Pagny.» ¿No soy yo una magnífica Casandrita? Capaz de poneros así, anticipadamente, las minutas del sangriento proceso que Florent Pagny corre peligro de sufrir?

¡Qué choque, yo os digo!… Después de abandonar Internet unos días, descubro con emoción que Pagny soltó recientemente en las ondas una verdadera bombita contra el «políticamente correcto». El pobrecillo no sospechaba, al decir que había escolarizado a sus hijos en Miami (porque en las escuelas francesas sus hijos andaban aprendiendo el hablar «moro»), que él sería alcanzado por los rayos de anatema del CRAN y SOS Racismo. ¡Claro es que Florent Pagny es un hombre mal aconsejado! Si fuera yo su «manager», su «coach», le hubiera explicado que en el país de Toulouse-Lautrec y Desproges y Coluche y Sardou hay ahora un gran montón de cosas que no hay que decir ni siquiera. Le hubiera dado, dentro de cinco minutos, una listita espontánea de frases típicas que hay que excluir en todos los discursos públicos.

Ejemplos:

– No se dice «Me parece el burka un asco» sino «aquellos velos suaves que ondulan en el viento se me acuerdan del Oriente y su dulce calor».

– No se dice «Ayer fui violada por una pandilla de matones con capuchas» sino «la conducta racista de mis antepasados colonizadores me valió ayer una justa reprobación de parte de jovenzuelos que la tan estigmatizadora sociedad nuestra lleva al más lastimoso desesperar».

– No se dice «Me molesta el no poder cruzar la calle Myrrha el viernes para volver a la casa» sino «Los católicos del país manifiestan otra vez su mente muy cerrada al no abrir el Sagrado-Corazón a los musulmanes víctimas de ostracismo y que no tienen más remedio que rezar en la calle».

– No se dice «No me gusta el islam» sino «Mach’Allah, hermana mía, estoy convertida».

¡Con todo es la cosa muy sencilla! ¡Límpida! Y Florent Pagny, que, sí, ya muchas veces fue relacionado con la prensa francesa, debería saber, claro, que el buen sentido y la honra y el simple hecho de describir a la realidad (ejemplo: «Si Le Pen dice que hay buen tiempo hoy y el termómetro
señala 30 grados, y que es verdad y me bronceo en el jardín» – para dar muestras de mi anti-racismo y anti-fascismo, tengo que gritar: «¡¡¡Noooo, llueve y llueve y llueve y hasta nieva!!!) son cosas que de ella se han abandonado.

¡Soporífico y Lozesfrénico, dos aburridos soplones de pensionado!

¿Por qué sufrió Florent Pagny tal reprensión, y tan grande, de parte de Soporífico y Lozesfrénico, los dos aburridos soplones de pensionado? Porque el audaz chico se atrevió a decir que sus hijos volvían de la escuela francesa hablando árabe, para que se pareciesen a los otros y para que los
otros los dejasen en paz. Porque describió lo que pasaba en su familia. «Lamentable… ¡Cabrón!, ¡nazi! Si no te conociera personalmente, casi se me antojaría denunciarte.»

De Soporífico y Lozesfrénico me compadezco al final. Pues están atemorizados. El mundo que han edificado, y con tanto odio, se está desplomando ante sus ojos. Ya se prepara la revuelta francesa en
silencio aunque demasiado potente para que ignoren el arranque de dignidad de un pueblo fastidiado, y desde sobrado tiempo, por sufrir la insulta de «racista» a continuación. De un pueblo que ve su dinero, su alma, sus leyes y su querida libertad de expresión tragados por el mar de la
inmigración y el comunitarismo y la islamización, que hace más que treinta años descomponen al rostro sublime de aquel país llamado Francia. A Sopo y Lozès no les gusta el pueblo. Hasta que lo odian. Pues, para taparle la boca, para acertarse de que no hable, se han puesto el trasero,
orgullosamente, sobre el único medio (con también las cabinas electorales) que tenía para expresarse. Y a las escasas personas que se enfrentan con su odio han dejado en ridículo, arrastrándolas por los suelos y hasta la cámara XVII del tribunal correccional; las han vestido con una camisa morena y les han denegado el derecho a pensar de otro modo, a pensar justo. Aun sólo a pensar. Han petrificado por el miedo a la mayoría de los periodistas, siendo hace tiempo los otros periodistas partidarios de un colaboracionismo que los valdrá castigos dentro de poco. Su preciosa
pequeña notoriedad y sus deliciosos pequeños sueldos y el poder que tenían al negar cotidianamente la realidad de la vida de los Franceses… todo eso pronto será hecho polvo.

¡Un verdadero resistente, nuestro Michel Drucker nacional!

Así vendrá con Drucker. Drucker, aquel señor tan liso y tan insulso y tan henchido de ridiculez, hasta en sus grietas demasiado ausentes para que puedan ser honestas; Drucker, que es a la Resistencia lo que el rapero Cortex es a la cultura, Drucker, con sumo valor, declara que no convidará a Marine Le Pen. Le es lícito, según dice con una mueca de displicencia, invitar a los que le gustan. Claro. Tengo ganas de decir: ¡mejor para él!

Una Le Pen frente a un Drucker sería para él un escarmiento tan cómico y haría tan rápido que estalle su personaje de papel que jamás él se
podría recuperar. ¡Bajo Prozac el Michel! Hasta el santurrón Ruquier –cuyo único mérito político fue contratar a un Zemmour (que incrementa el volumen de audiencia de su programa)– también se atreve a proclamar que no convidará a Marine Le Pen. Con todo invitó a Rama Yade, ministra francesa con doble nacionalidad, que se siente «tan senegalesa como francesa». Con todo se permitió alabar a Edwy Plenel, aquel insignificante
bigotudo cuyas teorías insulsas han atacado el cerebro hasta que, cuando habla, se parece mucho a Señora Sol. Con todo convidó a los cretinos del mundo artístico, los que no tienen cerebro, los que son embelesados por tener ocasión de escupir su indignación a la cara de Zemmour y que no
imaginan, ni un segundo, que a él le da totalmente igual lo que piensan los progres que vagabundean en casa de Castel y se extasían leyendo Marc Lévy. Ruquier, así, que invita a tantas personas respetables, no invitará a Marine Le Pen. No me tengo la tarjeta del FN. Nunca colocó un retrato de papá Le Pen encima de mi cama. No, no, estimados moluscos de la Licra, por más que ustedes, desesperados, escudriñarán en mi pasado, ni una foto de mí en el desfile del Primero de Mayo. ¿Y de toda manera, aunque hubiera una, qué es aquel país en donde rechazan invitar a la presidenta-adjunta de un partido político por estos motivos («nauseabundos») que todos conocemos?

¿Sería Marine Le Pen una de la antigua Waffen SS? ¿Habría amaestrado a un mastín alemán, llamado Adolf, para que muerda a las mujeres que se ponen la nicab? ¿Habría declarado un día «no me gustan los negros porque son negros y lanzo un llamamiento para que se mate a los musulmanes
todos»? No. Para nada. Sólo por su libertad de expresión son molestados; les da un prurito, los enfada. Porque afirma con claridad que hay que reducir los flujos migratorios, por el interés superior del país y de los mismos inmigrantes. Porque estima que con la laicidad no hay que
negociar. Porque habla bien y envía con brillo a las hienitas cobardes del PAF a sus guaridas, porque en fin –¡que horroroso!– tiene un carisma indudable y también el pasado ha demostrado muchas veces que numerosos franceses se reconocían en sus palabras. Por estos motivos todos, representa un peligro.

¡No seremos mendigos de nuestra libertad, vamos a cogerla!

«No libertad para los enemigos de la libertad» declaró Saint-Just. Exactamente lo que quería decir un buen animador de LCI cuando, recordándole a la gente las palabras estigmatizadoras de Florent
Pagny, exhortó así al pueblo: «Si a ustedes les queda un tanto de libertad, ustedes sabrán que hacer con sus discos». ¡Valeroso soldadote de la cara harinada! El típico que desfila aullando «¡¡¡Policías SS !!!» y que poco después corre a la comisaria para denunciar un robo callejero. Pues los
periodistazos de ayer han procreado a una muchedumbre de criaturas que chuparon a sus mamas la leche de la incultura y del mimetismo primario y del anti-racismo.

No debemos engañarnos: éstos no son más abiertos a la reflexión que sus mayores. Hay detrás de ellos treinta años de práctica de lobotomía. De ello me di cuenta, hace poco, cuando un amigo me señaló un enlace de un foro de Internet en donde se trataba de mi carta abierta al cantante Raphaël.
Curiosa, eché un ojo.

¡Y he aquí que, igual que Florent Pagny, descubro que me equivoco! Él pensaba que sus hijos hablaban el «moro». Él no tenía razón. Yo pensaba que yo existía y que mi nombre era mi verdadero nombre y que bien tenía 25 años. ¡Ay!, ¡ni siquiera! Yo no tenía razón: en realidad no existo.
Por lo menos, eso lo afirmó una internauta huraña (una hermanita en espíritu de nuestra Houria tan amada): Myriam Picard era un personaje totalmente artificial y maquinado. Su deuda única era lo siguiente: ¿era yo una creación de los pensadores de Respuesta Laica o bien una creación del Frente Nacional? Tremenda cuestión, tratada en un montón de páginas… Pues bien, a Lozès y a Sopo y a Rokhaya Diallo, y a todos los que echan flores a la mentira y la sandez, he aquí que yo, que existe como chica de carne y hueso, tengo algo que decir.

No nos mendigaremos la libertad: nos la cogeremos. Hace sobrado tiempo que creen que somos terneros, marionetas que podrían manejar a voluntad. Tal período ya es caduco. La libertad de expresión –mantenida valerosamente bajo la sombra de los medios de comunicación, y bien a pesar de ellos,– también dio a luz a hijos. «Señores Jurados, ¡me duele anunciarles a ustedes que la libertad de expresión no ha muerto!»

Myriam Picard

Palabras « escandalosas » de Florent Pagny…

http://www.youtube.com/watch ?v=m29h45sfo8o

Traduit par Jacques Philarcheïn

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